sábado, 1 de septiembre de 2018

SANTA MARIA LA REDONDA


SANTA MARIA LA REDONDA 

ANTIGUO BARRIO DE CUEPOPAN

Cuepopan-Tlaquechiuhca fue uno de los barrios de México-Tenochtitlan y el escenario medular en las guerras entre tenochcas y tepanecas, y entre Tenochtitlan y Tlatelolco. A la vez, en una de sus parcialidades: Copolco, se propiciaron ritos fundacionales que le imprimieron un sesgo de espacio sagrado. En este artículo nos interesa dar cuenta, a partir de confrontar fuentes diversas y trabajos realizados por historiadores y arqueólogos, cómo el papel ritual de este barrio fue resemantizado, tras la conquista española, a partir de un nuevo capital simbólico —la presencia franciscana— que, configuró un dispositivo significativo en la desterritorialización del imaginario mexica.

En el siglo XIV, después de una serie de episodios de diferente tenor, el grupo mexica se estableció en la isla de México. En cuanto a la fisonomía de la isla y los detalles de sus espacios antes de la conquista española, ésta sólo se puede reconocer a través de los relatos generados durante la etapa novohispana, en donde se tuvo la necesidad de recuperar parcialmente la historia e ideología de los pueblos prehispánicos. Según sus relatos1fundaron allí dos ciudades, Tenochtitlan y Tlatelolco. La primera de ellas en respuesta al mandato de su deidad tutelar Huitzilopochtli, quien indicó la determinación de cuatro barrios. Según Alvarado Tezozomoc las denominaciones prístinas fueron: "Moyotlan" —que ahora se llama San Juan—, "Teopan" —que ahora se llama San Pablo—, "Tzacualco" —que ahora se llama San Sebastián—, y "Cuepopan" —que ahora se llama Santa María la Redonda, [Alvarado Tezozómoc, 1998:74].2
Puntualmente, nuestro escrito tiene por interés analizar el protagonismo del barrio de Cuepopan-Tlaquechiuhca en algunos momentos históricos y por lo tanto, en este estudio abordaremos qué funciones demarcatorias cumplió el mismo a partir de la fundación de Tenochtitlan y a la vez cómo se transformó este barrio tras la conquista española.

Cuepopan-Tlaquechiuhca: límite o espacio en pugna
La relevancia del espacio que ocupó este antiguo barrio se puede rastrear y constatar desde el período prehispánico a partir del surgimiento de los primeros centros de poder en el posclásico tardío en la isla de México. Como hemos señalado, uno de los cuatro barrios que integraban Tenochtitlan fue Cuepopan-Tlaquechiuhca. En opinión de Francisco del Paso y Troncoso [1971:180-182] Santa María la Redonda estaba integrada por barrios y estancias: los barrios eran Tezcatzonco, Cuepopan, Copolco, Colhuacatonco, Analpa, Atlampa el cual se repetía en el barrio de San Juan, Teocaltitlan que también se repetía en los barrios de San Juan y de San Pablo, e Iztacalecan; y las estancias eran la de Tollan y la de Tezcacohuac. Cabe aclarar que respecto a la etimología de este locativo no hay acuerdos, mientras que Chimalpain afirma un claro vínculo con la existencia de varas de céspedes; Manuel Orozco y Berra señala al respecto que: "Cuepopan ofrece dos interpretaciones diversas: 1°, de cuepotli calzada, y la preposición pan: Cuepo-pan, sobre la calzada (se decía por la de Tlacopan). 2°, del verbo cueponi en la acepción de "resplandecer alguna cosa", en cuyo caso sonaría, sobre lo resplandeciente, en memoria de las aguas que hacían visos como esmeralda" [Orozco y Berra, 1960:144]. En otra sintonía Alfonso Caso [1956] afirma que este locativo no tiene traducción. Asimismo, sobre Tlaquechiuhca, Vetancurt propone que quiere decir "donde se hacen esteras"[Vetancurt, 1971:83].
Las menciones de este antiguo barrio en el corpus documental son diversas. Por ejemplo, en los Anales de Cuauhtitlán se relata que en tiempos de Huactzin, "rey" de Cuauhtitlán, comenzó la guerra de Xaltocan y por esta causa se enumeran las tierras y los linderos que pertenecían a los xaltocamecas, entre ellos Cuepopan; agregando que por causa de esta guerra se cambiaron las mojoneras que marcaban los límites entre los centros.
También hallamos que en la Tira de Tepechpan se menciona a otro de los barrios pertenecientes a Cuepopan como un lindero, éste sería el caso de Tezcatzonco [Tira de Tepechpan, 1996:93-94]. Esta información lleva a preguntarnos: ¿originalmente a quién o a quiénes pertenecían estas tierras? Y a la vez, considerar la posibilidad de que estos terrenos funcionaran como linderos o espacios fronterizos entre los antiguos centros antes de la llegada de los mexicas a la isla de México.

Cuepopan: sitio estratégico en la guerra contra Azcapotzalco
Si bien de modo general, las fuentes coinciden en afirmar que la victoria tenochca sobre el principal centro tepaneca significó la caída de esta entidad política y el ascenso al poder de los primeros en la Cuenca de México, la guerra entre Tenochtitlan y Azcapotzalco3 generó una serie de cambios y transformaciones que afectaron a toda la Cuenca de México en el siglo XV.
Resulta interesante, en este contexto de reacomodamiento geopolítico en la Cuenca de México, que uno de los escenarios en que transcurre esta particular guerra haya sido Cuepopan-Tlaquechiuhca. Por ejemplo, en la obra de Chimalpain en particular en su Tercera Relación se señala que en el año 13 ácatl [1427] los tlacopanecas y los tepanecas de Azcapotzalco comienzan a desplazarse y a atacar a los tenochcas:
Y enseguida lo hicieron así los mexica; horadaron las casas, por allí salieron todos los mexica.
Y cuando descubrieron que ya no estaban, enseguida se oye el griterío, enseguida dicen:
—¡Eh, tlacopaneca, azcapotzalca! Ya van saliendo, nuestros perturbadores, ¡anden, vayan a tomarlos!
Pero enseguida los mexica se arriesgaron ante los tlacopaneca, los azcapotzalca, quienes más allá de las afueras de sus casas los fueron a dejar. Mucho macehual murió. Y después que terminó su aflicción, de inmediato viene, se instalaron en sus jacales [Chimalpain, 1997:139].
En la narración, podemos observar el espacio y las características de esta parcialidad a partir del desarrollo del enfrentamiento entre los dos grupos y poder evidenciar la importancia que se le adjudica a Cuepopan, en la defensa tenochca, como sitio trascendente en la historia y en la legitimidad de Tenochtitlan, a la vez que se especifica claramente el significado del nombre del barrio:
Y cuando escucharon esto los mexica enseguida se proveen de flechas; elaboraron puntas de varas y céspedes, que pusieron para obstaculizarlos, y con ello dieron nombre al "tramo de camino de céspedes" que hasta ahora se llama Cuepopan [Chimalpain, 1997:139].
Según Chimalpain, llegado el año 1 técpatl [1428], recrudeció la guerra contra Azcapotzalco y nuevamente este barrio configuró un lugar estratégico que garantizó el éxito del enfrentamiento, y por tanto se convirtió en el escenario donde éstos sellan su victoria.
Y tan pronto como vienen los tepanecas, los azcapotzalca, a conquistar a los mexica, viene por allá, viene conociendo allá por Cuepopan. Pero ya que venían llegando por donde están los jacales de los mexicas, y tan pronto como les dieron las espaldas, entonces combaten; allí en Cuepopan confundieron plenamente a los tepanecas, a los azcapotzalca, de allí los hicieron huir [Chimalpain, 1997:141].
La guerra contra Azcapotzalco trajo consecuencias significativas en torno al reacomodamiento geopolítico en la Cuenca de México, de hecho podría considerarse que la derrota de la capital tepaneca constituyó el origen y la exégesis de las siguientes conquistas mexicas. Pensamos que el éxito de esta guerra radicó en el desarrollo de una serie de cambios, en el seno mismo de la sociedad tenochca; transformaciones que se estaban perfilando de manera incipiente mucho antes del conflicto pero que fueron materializadas luego de este acontecimiento. Tras la caída de Azcapotzalco, fueron conquistados otros centros como Xochimilco, Coyoacán, Mixquic y Cuitlahuac. Conquistas que implicaron un beneficio de vital importancia para el grupo guerrero tenochca dominante, al adquirir un número importante de tierras, mano de obra y alimentos. Los tepanecas al ser vencidos son despojados de sus bienes, los cuales fueron distribuidos según criterios de carácter militar; en este reparto se procuró favorecer al grupo guerrero, práctica permanente desde la asunción del primer tlatoani, Acamapichtli, pero que a partir de Itzcóatl adquirió mayor dimensión. La tradición tenochca señala que junto al reparto de tierras también se constituyó la creación de "cargos" dentro del sector dominante, basándose en méritos militares, que implicaron privilegios en cuanto al acceso al gobierno, a los beneficios del "tributo" y a la participación en la programación de las futuras guerras.4

Cuepopan en el contexto del conflicto entre tenochcas y tlatelolcas: guerra ritual y reordenamiento territorial
La guerra entre Tlatelolco y Tenochtitlan duró aproximadamente de 1469 a 1473, y si bien nos resulta difícil especificar con claridad las razones que condujeron a estos centros hermanos a un conflicto de tal envergadura, es central para nuestro planteo, poder señalar cómo todos los episodios decisivos, previos y durante la batalla de 1473, transcurren notoriamente en el barrio de Cuepopan y específicamente en el sub-barrio de Copolco.
Recordemos que este barrio, según Caso [1956], era una de las fronteras entre estos dos centros. Así, este autor propuso en su análisis, —aún no superado— de la reconstrucción y ubicación de los antiguos barrios de Mexico-Tenochtitlan y Mexico-Tlatelolco, que en efecto el campan5 de Cuepopan-Tlaquechiuhca era un sector lindante a la antigua ciudad de Tlatelolco, y que a su vez éste junto a otros se situaban directamente sobre el sector fronterizo limítrofe, tal como lo refieren sus posibles demarcaciones. Recordemos también que Caso (1956) se apoyó en las referencias descritas en el Memorial de Londres,6 y basándose en éste, vinculó la demarcación de Cuepopan con una acequia que servía de frontera entre Tenochtitlan y Tlatelolco:
[...] por el Norte la Laguna y calles de Mosqueta, Rayón y Órgano; por el oriente, República de Argentina y Seminario; por el sur las calles y calzada México Tacuba y por el poniente la orilla de la isla formada por una línea quebrada que iba más o menos por la calle de Arista, Violeta, Guerrero, Pedro Moreno, Zarco, Moctezuma y Lerdo, uniéndose aquí con la calle de la Mozqueta que marcaba el límite norte. En esta parcialidad o campan, quedaban los puentes muy importantes sobre la acequia de Tezontlalli que (la) separaba de Tlatelolco [Alfonso Caso, 1956:29. Cursivas añadidas].
Como sabemos, Caso al retomar el análisis de Barlow, señaló que se menciona La Lagunilla de Santa María la Redonda de Santiago Tlatilulco indicando que la misma constituía el límite de las dos ciudades.
En la Crónica mexicana de Alvarado Tezozómoc, también pudimos reconocer sugestivas referencias sobre la importancia de Copolco en un contexto de tensión o de guerra:
[...]y vayan luego a mirar y ver en nuestra raya y término en Copolco, adonde es ahora Santa María la Redonda, y para haber de comenzar la guerra, comenzaron el juego de pelota de nalgas que llaman olamalo ynitech tlachco, que es decir, que ganaron en el juego al rey Axayaca ; y así, ni mas ni menos jugaban delante del rey Axayaca, en su tlachco, y los tlatelulcanos vinieron á ver con disfraz: luego volaron á dar razón a Moquihuix de lo que habia y pasaba en Tenuchtitlan. Dijo luego Moquihuix: vayan dos con armas á ver en el lugar que llaman Copolco; y sentáronse el uno enfrente del otro distante como un tiro de piedra, y de allí á un rato enviaron á otros dos armados con divisas [Tezozómoc, 1987:388].
De esta forma, en éste párrafo se describe claramente la jurisdicción de cada uno de los contrarios, los límites en el enfrentamiento, y cómo Copolco ocupa un lugar central en esa demarcación. Es interesante señalar que Valero de García Lascuráin [2004:207] ha indicado, al analizar el Códice Chavero, la posible traducción de Copulco como: "en el cerco", según la propuesta realizada por el padre Garibay, y desde nuestra lectura, esta traducción nos permitiría argumentar que Copolco o Copulco configura un lugar distintivo, como mojón, como frontera,7 entre los dos centros mexicas.
Como sabemos, en diversas sociedades originarias de América la dualidad tuvo, y aún tiene en ciertos niveles de vida comunitaria, un rol central en su organización sociopolítica. Este principio ordenador que estaba legitimado por una cosmovisión específica en cada caso, ponía de relieve la dinámica dialéctica que existía entre, lo que de modo genérico se define como, los opuestos complementarios. De este modo, la dualidad puede ser pensada para el caso bajo análisis como elemento espacial ordenador desde el cual podemos concebir a Copolco un lugar donde esas expresiones contrarias, pero a la vez complementarias, se enfrentaban, y al hacerlo se unían en una totalidad deseada.
En ese sentido podríamos pensar que esas diferencias que a la vez se constituyen en complementariedades son espacializadas en Copolco, y a modo de bucle,8 poder visualizar como estas partes o bandos, nos remiten a una totalidad que las contiene y a la vez las significan [Gotta, 2007:17].
También resulta interesante notar en el relato que el inicio de la guerra es asociado al juego de pelota. Guilhem Olivier9 señala que diversos partidos de juego de pelota han manifestado una alternancia de los poderes, un ejemplo sería precisamente el protagonizado por Maxtla de Azcapotzalco, al ser vencido en el tlachtli, hecho que permite presagiar la derrota de los tepanecas y su huida a Tlachco con unos acompañantes particulares [Battcock, 2008:192-193].10
Como sabemos, el juego de pelota tiene en si mismo, una carga de fuerte simbolismo mítico-religioso, en la medida que su práctica ha sido asociada con fenómenos cósmicos, en tanto debía realizarse para mantener el movimiento celeste del sol. Por tanto, los diferentes ejemplos encontrados —Huemác, Maxtla, Motecuzoma Xocoyotzin— están haciendo referencia a momentos de cambios dinámicos, los que constituyen a su vez claras señales para comprender las alternancias del poder. Así, Fernando Alvarado Tezozómoc narra los preparativos de Tenochtitlan y Tlatelolco ante el inminente enfrentamiento y medición de fuerzas:
El rey Axayaca, mexicano, condoliéndose de la destrucción que había de venir sobre Tlatelolco, tornó á enviar otro mensajero, y fue elegido por mano de Cihuacoatl el principal llamado Cueatzin, rana apreciada; y habiéndose hecho la embajada se azoró Moquihuix con esto, y á instancia de su suegro mandaron dar garrote al mensajero Cueatzin, mexicano, y fuéronlo á arrojar al barrio que llaman Copolco, que ahora es Santa María la Redonda: acabado esto comenzaron a dar alarido y á tocar al arma, diciendo á voces. Ea, tlatelulcanos, consúmanse los mexicanos, mueran todos los traidores[...] [Tezozómoc, 1987:391].
Nuevamente Copolco se convirtió en el sitio privilegiado donde se desarrolló este episodio, a partir del cual los mexicas en la persona de Axayaca incitaban y provocaban a los tlatelolcas, en la figura de su tlatoani Moquihuix. Al respecto fray Juan de Torquemada, en su obra Monarquía Indiana [1975-1983], relató con particular detenimiento cómo Axayaca dio muerte al último tlatoani tlatelolca, Moquihuix, como un hito, un momento de ruptura que señaló la victoria segura de los tenochcas frente a los tlatelolcas:
[...]y lo arrojó de las gradas abajo, por donde vino rodando y llegó al suelo casi muerto. De allí lo llevaron a la presencia de el rey mexicano, el cual él mismo le abrió el pecho y le sacó el corazón en el barrio de Copolco, que está vecino de Tlatelulco[...] [Torquemada, 1975:248].11
Sin lugar a dudas, esta escena que describe la muerte del tlatoani tlatelolca pone en el centro de la escena esta práctica ritual a través de la cual Moquihuix muta en víctima sacrificial y personaliza el nuevo orden, ya que es su muerte-sacrificial la que permite continuar y convalidar la destrucción de Tlatelolco. Es en el marco de las creencias mexicas, respecto del cosmos, los hombres y la reproducción de la vida, que debemos acercarnos a este relato y poder así, desde este contexto analítico, comprender cómo la muerte sacrificial, a modo de hito fundacional, constituye el hecho social12 propicio para la construcción sociopolítica posterior a esta victoria.
Tras la victoria contra los tlatelolcas se llevó a cabo el reparto de tierras entre los vencedores tenochcas, situación descrita por Alvarado Tezozómoc en su obra Crónica Mexicana:
Concluido esto fueron á repartir las tierras que tenian en las partes que llaman Chiquiuhtepec, y en Cuauhtepec, y en los términos de Atzcaputzalco, Chilocan, Tempatlacalca, y otras muchas partes[...] [Alvarado Tezozómoc, 1975:396].
Sobre el aspecto puntual del reordenamiento territorial, resultan particularmente sugestivos los señalamientos de Flores y Pérez [1997:71] respecto del escenario del enfrentamiento final, al que relacionan con precisos puntos limítrofes, por ejemplo cuando los protagonistas pelean por el puente en Azacualco —San Sebastián— hasta detrás de Santo Domingo y hasta Santa Ana Yacacolco.
En la Tira de Tepechpan, la denominada estancia de Cuauhtepec aparece dentro de Cuepopan. Francisco del Paso y Troncoso [1971] y posteriormente Alfonso Caso [1956] señalan a Cuauhtepec como una de las estancias pertenecientes al barrio de Cuepopan de Mexico-Tenochtitlan y a la vez en los Anales de Cuauhtitlán se la indica como una mojonera. Esta última referencia nos permite inferir entonces, que la estancia no era originalmente tenochca sino de Cuauhtitlán y posteriormente pasó a Mexico-Tlatelolco. El porqué de este cambio no lo sabemos ni el tiempo en que sucedió, sin embargo existen referencias en las fuentes sobre las fluidas relaciones entre los dos centros en el período tepaneca. De este modo, podemos inferir que Cuauhtepec recién se incorporó como parte del territorio tenochca tras la guerra contra Tlatelolco. Pensamos que estas referencias nos indican un nuevo reacomodamiento territorial impuesto por los tenochcas a los tlatelolcas.
De esta manera Tlatelolco, tras haber sido vencido en la guerra, asumió una nueva condición política hasta la conquista española, y fue considerado una parcialidad de Tenochtitlan, con una serie de barrios y estancias entendidas como subdivisiones administrativas. En este sentido Robert Barlow señaló como:
Durante medio siglo, desde la muerte de Moquíhuix en 1473 a la invasión española, Tlatelolco fue gobernada por Tenochtitlan. Los gobernantes militares [...] eran muy nobles y valientes y nobles mexicanos. Se titulaban cuauhtlatloque, águilas hablantes y hubo siempre dos: uno con rango de tlacochcálcaltl, y otro con rango de tlacatécatl: los documentos a veces mencionan a ambos, a veces a uno solo, o pueden mencionar los rangos solamente, sin nombres personales [Barlow, 1987:117].
Por otra parte, el controvertido reparto de las propiedades tlatelolcas realizado por los tenochcas, devino en el período novohispano en numerosos pleitos y demandas, los mismos han sido detectados, y pueden ser abordados, a través de una serie de documentos que indican la profundidad histórica de los problemas de tierras en esta región [Castañeda de la Paz, 2008].
En este marco proponemos pensar al barrio de Cuepopan-Tlaquechiuhca como un enclave vital en la demarcación de límites entre los dos grandes centros de poder mexica, ya que éstos competían por la riqueza de su territorio y el control del agua.
En otra esfera de análisis, nos llama la atención como fray Bernardino de Sahagún señaló, en su obra Historia general de las cosas de Nueva España, que era un sacerdote del barrio de Copolco, el encargado y responsable de sacar el fuego nuevo:
Y el dicho sacerdote del barrio de Copolco, cuyo oficio era de sacar lumbre nueva, traía en sus manos los instrumentos con que sacaba el fuego, y desde México, por todo el camino, iba probando la manera con que fácilmente se pudiese hacer lumbre [Sahagún, 2000:711].
Pensamos que esta referencia sobre la ceremonia del Fuego Nuevo es importante ya que señala el lugar de donde provenía el sacerdote encargado de renovar e inaugurar el ciclo de la vida para la sociedad tenochca.
En sintonía con este problema, el estudio realizado por Silvia Limón Olvera da cuenta que los mexicas reproducían, en la tierra, el encendido del fuego que era señalado en el ámbito celeste por la constelación: precisamente en el momento en que las Pléyades traspasaban el cenit, el sacerdote de Copolco, en la cumbre de Huixachtécatl—actual cerro de la Estrella en Iztapalapa— procedía a encender el fuego nuevo, barrenando dos palos sobre el pecho del cautivo que sería sacrificado [Limón Olvera, 2001:164].
Esto es un indicio del lugar referencial que ocupaba Copolco en el plano simbólico de esta sociedad. Si no vale preguntarse: ¿por qué este sacerdote de Copolco y no otro representante de los otros tres barrios de Mexico-Tenochtitlan?


Hoy más que un barrio es un núcleo dinámico de vida urbana, que una vez fue Cuepopan, una de las cuatro parcialidades fundacionales de México-Tenochtitlan. “Algunos dicen que su nombre significa ‘a la orilla del camino’ o ‘sobre la calzada’ porque estaba justo al lado de la calzada más antigua de la ciudad, la calzada México-Tacuba”, explica Jesús Rodríguez Petlacalco, cabeza de Proyecto Patrimonio México, una organización que intenta que los chilangos revaloren su patrimonio material e inmaterial. 
Este barrio mexica abarcaría desde Garibaldi hasta la calle de Tacuba, de Santo Domingo a Santa María la Redonda, una inmensa zona donde los chilangos de ahora podemos irnos de fiesta en la calle de Cuba, con sus antros gays como el MarrakechLa Purísima y para los gays de bota y sombrero, el Oasis. O por supuesto, también está la Plaza Garibaldi y el Museo del Tequila y el Mezcal (MUTEM), donde siempre se puede echar un sabroso trago de cualquiera de ambas bebidas por un buen precio. 
“Es muy interesante y divertido que en terrenos monjiles, en estas calles estuvo hasta el siglo XIX el convento de la Concepción, ahora haya florecido un nodo de diversión de la diversidad sexual”, comenta Jesús, un experto en la historia de los barrios del Centro Histórico. 
El templo de la Concepción (1541) fue el primer convento de mujeres en América Latina y la primera iglesia con cúpula de la ciudad novohispana. “Si uno quiere conocer el barrio, esta es una de las primeras paradas”, dice nuestro guía. Justo enfrente está la Plaza de la Concepción, con su hermosa capilla y caminando hacia el norte, salimos hacia Garibaldi. 

La parte más antigua y conservada como barrio es precisamente Santa María la Redonda, un laberinto de calles envejecidas y maltrechas que orbitan alrededor de la iglesia de Santa María la Redonda (Av. Riva Palacio num. 46); aquí estuvo un panteón muy famoso en el siglo XIX: Santa Paula. Armando Ramírez, otro de los cronistas del Centro Histórico, cuenta que este cementerio era “…de mucha alcurnia, tan así que Antonio López de Santa Anna enterró ahí su pierna, la que había perdido en la Guerra de los Pasteles, con gran pompa fue trasladada en desfile en una urna de cristal para que la gente le rindiera honores: pero al caer del poder su “Alteza Serenísima”, la gente fue al panteón, la desenterró y anduvieron pateándola…”. 

A imitación de la iglesia de Santa María la Mayor en Roma, la pequeña iglesia de Santa María la Redonda se construyó en 1524 con un presbiterio circular; de ahí su nombre, aunque Ramírez cuenta una versión más sabrosa: “Está la versión oral de por qué la iglesia se llama Santa María la Redonda […] Porque cuando se empezó a construir su altar en forma de rotonda, es decir circular, los indígenas al pronunciarla no decían Rotonda sino redonda, y así pasó la iglesia de ser la Rotonda de Santa María a Santa María la Redonda, vaya usted a saber si es cierto, pero esa es la versión…”. 

Ah pero también es el barrio del popular Teatro Blanquita, la catedral del espectáculo musical donde se han presentado todas las estrellas del firmamento popular. Por mencionar unos nombres: María Victoria, Toña la Negra, Laura León, Flans, el Buki, Juan Gabriel… 
Y bueno, si ya te quieres poner muy culturoso, este barrio también alberga uno de los mejores recintos del Centro, el Museo Nacional de Arte (MUNAL), con lo mejor del arte mexicano del siglo XVI al XIX y que se encuentra en la mismísima y neoclásicamente hermosa Plaza Tolsá (Tacuba 8). 

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